lunes, 15 de junio de 2009

Amor en tiempos extraños

No sé cómo se conocieron. El caso es que ella le visitaba a él. Se veían mucho, cuando podían y les dejaban. Habían llevado una vida peculiar, de idas y venidas, vueltas y revueltas. Supongo que la vida tiene eso, esquinas y callejones, caminos que empiezan bien y terminan inexplicablemente. Vidas inquietas.
Te quiero, le dijo él un día. Y ella se sonrojó, aunque se lo esperaba. Y entonces decidieron casarse. Tengo todo el tiempo del mundo, dijo él, pero quiero que sea la semana que viene. Y ella dijo que sí. Él saltó de alegría y pidió al cura de la prisión que los casara. Aquella noche, de forma repentina, murió en su celda de un ataque al corazón sin que nadie pudiera hacer nada.
Ella se quedó sola, una vez más. Aguantó como pudo, esperando. Apenas un año despues ha muerto también.
No la conocí nunca y sin embargo ahora que me he enterado, no dejo de pensar en ella.

domingo, 7 de junio de 2009

Dije que volvería

Me he despertado al amanecer, sonriendo por primera vez en mucho tiempo y me he arrastrado hasta la ventana: buen tiempo, sol y nubes, viento, frío quizá. Y la luna. ¿Será la misma al otro lado del mundo? Con el virus del sueño corriendo aún por mis venas, he desayunado disfrazado de ciclista y con el pulsómetro a 45 revoluciones. Mi cuerpo aún duerme, he pensado.
He saludado a un barrendero, a unos somnolientos que hacían cola a la puerta de una churrería, a los últimos valientes que venían de parranda y a una señora que llegaba tarde a misa. Definitivamente estaba contento. Sonreía, porque he vuelto, porque había quedado con mi amigo Jorge, porque tenía de nuevo la bici debajo y estaba cómodo.
¿Qué hacemos? Lo que quieras. Ya, pero ¿qué te apetece? Cualquier cosa. ¿El “Puente de las Ovejas”? Vale. Me gusta decidir por el camino, rodando, sin preocuparme de la ruta ni el camino... El sol iba y venía mientras nosotros nos poníamos al día, hablando sin parar. Subimos y bajamos Alarcos por un camino que no conocía y nos lanzamos a la conquista de la Laguna de la Posadilla y el Cerro Malosaires. Hemos rodado despacio –por mi, obviamente– subiendo y bajando entre maleza del color del oro, por caminos que se perdían detrás de mi rueda. Hemos respirado vida y hemos llenado los pulmones y el alma.
Y, ¿qué más?
Pues hemos visto el aire y las nubes y el viento en nuestro pelo y sobre nuestras cabezas… Y árboles y arbustos y aves de color blanco y rapaces de varios tipos que Jorge se esforzaba en enumerar y yo en retener sin éxito. Y caminos y trochas rápidas. Y bajadas veloces y subidas tensas. Y recuerdos y promesas y planes y consejos… La vida, en una palabra, hemos visto la vida.
Tres o cuatro horas después estábamos sentados en una terraza, con una cerveza en la mano, haciendo planes para volver. He sonreido. Prometí que volvería y definitivamente he vuelto.



De vuelta, por la ciudad, he cantado bajito, casi para mi: “I'll wait for you to come down, where you'll find me, where we'll shine”.

miércoles, 3 de junio de 2009

En mi alféizar de madrugada

1.-
¿Cuándo vencía el recurso este?
Hum… Creo que la semana que viene.
¿Crees?
2.-
¿Sabes que hay más de mil especies de murciélagos?
Ni idea.
Pues ya lo sabes.
Hum… ¿Qué más cosas inútiles sabes?
Miles.
3.-
Tienes que aclararte.
Ya, lo sé.
¿Lo sabes?
Sí. Pero tengo miedo.