–Mira, la idea es disfrutar de la bici y del campo y de los amigos, no machacarse –me dijo Toñi, explicándome la filosofía de la peña.
–¿Te vendrás a Ronda?
–¿Te vas a federar?
–¿Te vendrás el domingo que viene?
–¿Te vas a callar un poquito?
Son muy buena gente, de los que se esperan en cada cruce difícil, al final de cada pendiente, si pinchas, si se te sale la cadena, si te pica una abeja (¡ay, Fatigas!), si te quieres tomar un plátano en mitad del prado... Pero a veces –ayer no– el cuerpo me pide más adrenalina que una buena conversación. Por eso salgo poco con ellos.
ADDENDA: por la tarde –domingo de Ramos– me fui a misa. Me gusta la lectura de la Pasión, pero ayer me la redujeron. En la homilía me distraje. Pensé en cuántos de los que ayer decían “¡hosanna!”, gritarán el viernes “¡a ese no, a Barrabás! ¿No se les caería la cara de vergüenza?, me dije. E inmediatamente, con sonrojo, admití: no, porque yo lo hago tantas veces, tan a menudo.
Algunos del pelotón. Jorge y yo salimos al fondo a la derecha, de corto.