He mandado al cuerno a una fiscal. Así de simple. Vale, es cierto, estoy especialmente tenso y estamos a finales de julio, pero es que hay cosas que siempre alteran mi presión arterial. Vamos por partes, he estado más de una hora buscando un juicio rápido del día anterior. Del juzgado de guardia al juzgado de lo penal, de allí al SCOP y, finalmente, al registro de expedientes, que es como la fábrica de chocolates Wonka, pero en plan cutre. La funcionaria estaba hablando con una agencia de viajes sobre su verano, así que me ha tocado esperar. A los diez minutos, con los últimos retoques del hotel y la playa, me he cansado y me he plantado delante de la mesa. No se ha inmutado y ha cerrado por completo el viaje: Costa Ballena, siete días, pensión completa. Cuando ha colgado le he pedido, por el amor de Dios, que me dejara ver un juicio rápido del día anterior. ¿Estás personado? ¿Eres letrado? ¿Color favorito? Superado el test, me ha dejado echar un vistazo rápido a los autos, nada de fotocopiar, faltaría menos. Malhumorado pero dueño de mi, he tomado mis notas y me he ido a hablar con la fiscal. No estaba Carmen, así que me han derivado a la fiscal de guardia que, justo en ese momento, estaba ocupada discutiendo con un funcionario y sus nóminas, que al parecer no cuadraban. Bueno, me espero. A los quince minutos de estar sentado (quince, delante de sus narices) me he levantado y les he interrumpido. Me han sufrido como mal menor y han seguido con lo suyo. Lo entiendo, es más importante su nómina que la prisión de mi cliente. Vale. A los diez minutos (después de los quince anteriores) la fiscal se ha refugiado en su despacho y el funcionario me ha dicho que pase. He obedecido. La fiscal estaba descolgando el teléfono y me ha pedido que esperara en el pasillo. Pues va a ser que no, le he dicho, ya volveré otro día. Me ha replicado que no, que era un minuto, que esperara fuera y que ya me llamaría. Otra vez de pie, otra vez esperando. A los cinco minutos ha salido de su despacho y sin dirigirme la palabra –al fin y al cabo soy un simple mortal– se ha metido en secretaría de fiscalía. Hasta aquí podíamos llegar, he dicho, y me he largado, a punto de mutar en el Increible Hulk. Sin despedirme, muy digno y respingón, he pasado por delante de la secretaría camino de la salida. Cuando me ha visto pasar se ha debido acordar de mi existencia y se ha dirigido a mi: no, espere, si ahora iba con vd. Pues mire, tengo que estar a la una en el despacho, es decir, en veinticinco segundos y me temo que ya no llego. Pero, ¿qué quería? Pues hablar con vd. pero veo que está muy liada con su nómina así que ya si eso volveré otro día. Con evidente fastidio ha dejado sus nóminas y sus cosas y se ha venido conmigo, al otro lado del mostrador. Bueno, ¿qué quiere? Le he explicado, con más fastidio aún, y me ha dicho que no, que era imposible (total, diez segundos). Me he quedado mirando: ¿y para eso me hace esperar media hora? La ruina de las instituciones comienza con la falta de educación de sus miembros. El poco respeto que muestran algunos fiscales por la abogacía y nuestros clientes, muestra el desprecio hacia la sociedad. Así lo siento hoy y así lo digo.
jueves 21 de julio de 2011
viernes 8 de julio de 2011
Anarda
Comenzaste a venir hace unos años. Siempre hacíamos lo mismo: comida, paseo por Almagro y vuelta a trabajar, cada uno en lo suyo. Año tras año me has ido enseñando las tripas del festival, el ambiente, los escenarios. Contigo he conocido a directores, actores y tramoyistas de la peculiar fauna del teatro. Mucha mierda te decían, mientras yo miraba desencajado. ¿Mierda?
Siempre me encantó que fueras actriz y que te dedicaras a lo que te gustaba, pero nunca hasta ahora –hasta el martes– te había visto actuar. Fui con varios amigos a verte con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, deprisa, después de trabajar, de una ducha rápida y dos pinchos para cenar. No sé si estaba preparado para sentarme a verte, pero dio igual. Me emocioné, lloré y reí con El Perro del Hortelano. Disfruté cada minuto de las dos horas con vuestros requiebros, chanzas y juegos. Mientras enredábais la trama sin compasión, murmuraba entre dientes contra Diana y Marcela y el conde Ludovico y Federico. Que le quiera, susurraba al final, sufriendo con Teodoro. Y cada vez que salías a escena me hinchaba y decía, ey, mirad, ella es mi prima.

Siempre me encantó que fueras actriz y que te dedicaras a lo que te gustaba, pero nunca hasta ahora –hasta el martes– te había visto actuar. Fui con varios amigos a verte con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, deprisa, después de trabajar, de una ducha rápida y dos pinchos para cenar. No sé si estaba preparado para sentarme a verte, pero dio igual. Me emocioné, lloré y reí con El Perro del Hortelano. Disfruté cada minuto de las dos horas con vuestros requiebros, chanzas y juegos. Mientras enredábais la trama sin compasión, murmuraba entre dientes contra Diana y Marcela y el conde Ludovico y Federico. Que le quiera, susurraba al final, sufriendo con Teodoro. Y cada vez que salías a escena me hinchaba y decía, ey, mirad, ella es mi prima.

sábado 18 de junio de 2011
De lo que está o no está bien
Se cuelan en bodas, en los bares, en las fiestas de tu peña y en la berbena de pueblo. Escuchan atentos, apuntan, cuentan los altavoces, las televisiones e informan cuidadosamente a sus jefes. Y en Madrid, en algún despacho cuidadosamente decorado de zen buenrollista, un empleado de la SGAE recibe la denuncia del comisario político y cuantifica la sanción. Reclama, exige y demanda rabiosamente por sus derechos.
El viernes nos sentamos en la sala del juzgado de lo mercantil, el abogado de la SGAE, mi cliente y yo. La demanda carece del más mínimo sustento probatorio: la declaración del espía, que se había pasado por el pub un par de años antes y que en cinco minutos había escuchado con claridad una canción de Melendi y otra de Dire Straits. Es una locura, me dice el DJ: jamás pondría a Melendi, pero es que dudo que el programa te deje poner a los Dire después. Oiga, ¿cuál es el ambiente musical del Pub? Pues hacemos jazz fusión, con toques percusionistas, indie electrónico alternativo de poca intensidad que permite hablar y bailar... Y además tenemos música en directo. Ah, dice el abogado de la SGAE, ¡música en directo! Miro extrañado, ¿habrá dado con el pecado? Y... ¿está vd. seguro de que nunca, en ninguna ocasión, ninguno de los grupos que ha tocado estaba asociado a la SGAE o interpretaba canciones de artistas asociados? Pues mire, creo que no. ¿Cree o está seguro? Pues mire, dudo que The Coliflowers hayan versionado a los Rolling...
¿Y la televisión?, pregunta el abogado contrario. Pues la pusimos para ver los partidos de la Champions y la Liga. ¿Y en los descansos se queda puesta? Pues mire, no lo sé, nos levantamos a repostar. Me quedo pensando. ¿Si en el descanso aparece Bisbal o el Waka Waka hay que pagar a la SGAE? ¿Tendré que pagar por llevar la música en el coche? ¿Y los taxistas? ¿Y en mi despacho? ¿Podré correr con el ipod o vendrá el espía detrás de mi? ¿Qué ha pasado en este pais para que permitamos que esto suceda?
A veces, solo a veces, añoro la simple y despreocupada infancia donde sabíamos qué estaba bien y qué mal. Eso se vale, decíamos, o no se vale.
El viernes nos sentamos en la sala del juzgado de lo mercantil, el abogado de la SGAE, mi cliente y yo. La demanda carece del más mínimo sustento probatorio: la declaración del espía, que se había pasado por el pub un par de años antes y que en cinco minutos había escuchado con claridad una canción de Melendi y otra de Dire Straits. Es una locura, me dice el DJ: jamás pondría a Melendi, pero es que dudo que el programa te deje poner a los Dire después. Oiga, ¿cuál es el ambiente musical del Pub? Pues hacemos jazz fusión, con toques percusionistas, indie electrónico alternativo de poca intensidad que permite hablar y bailar... Y además tenemos música en directo. Ah, dice el abogado de la SGAE, ¡música en directo! Miro extrañado, ¿habrá dado con el pecado? Y... ¿está vd. seguro de que nunca, en ninguna ocasión, ninguno de los grupos que ha tocado estaba asociado a la SGAE o interpretaba canciones de artistas asociados? Pues mire, creo que no. ¿Cree o está seguro? Pues mire, dudo que The Coliflowers hayan versionado a los Rolling...
¿Y la televisión?, pregunta el abogado contrario. Pues la pusimos para ver los partidos de la Champions y la Liga. ¿Y en los descansos se queda puesta? Pues mire, no lo sé, nos levantamos a repostar. Me quedo pensando. ¿Si en el descanso aparece Bisbal o el Waka Waka hay que pagar a la SGAE? ¿Tendré que pagar por llevar la música en el coche? ¿Y los taxistas? ¿Y en mi despacho? ¿Podré correr con el ipod o vendrá el espía detrás de mi? ¿Qué ha pasado en este pais para que permitamos que esto suceda?
A veces, solo a veces, añoro la simple y despreocupada infancia donde sabíamos qué estaba bien y qué mal. Eso se vale, decíamos, o no se vale.
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