miércoles, 12 de agosto de 2009

Los okupas

Después de una semana durmiendo en el coche, seguían sin tener dónde meterse. Él, ella y tres niños. Encontraron una casa abierta y abandonada y entraron. Pusieron una cerradura, invirtieron sus ahorros en acondicionarla un poco y la amueblaron con cuatro cosas y un par de cortinas. Lo imprescindible. Y la llamaron casa.
Chicos, ¡vamos a casa!, decían.
A casa. Esa palabra tenía el sabor dulce y caliente de un beso. Pero el destino es inflexible y las cosas –todas las cosas– tienen dueño. La casa también. El dueño llegó, les denunció y fueron detenidos y desalojados. Les asistí en comisaría, donde todo huele a rancio, hasta la esperanza. Ella se fue a dormir con sus hijos a casa de unos familiares y él hizo noche en los calabozos, por razones que aún no entiendo y que ningún coordinador de tarde del Cuerpo Nacional de Policía supo explicarme, porque no hay razones que expliquen decisiones estúpidas y arbitrarias.
Han pasado dos días. Les llevaron ayer al juzgado donde comenzó el ritual de la instrucción del procedimiento: declaraciones de los denunciados y del perjudicado, acusación del fiscal y juicio rápido. Los niños, ajenos a todo, jugaban por los pasillos poniendo a prueba los nervios del vigilante de seguridad. Él y ella sentados juntos.
¿Es grave?, me susurraban.
No, no mucho.
Finalmente se fueron los dos con una sentencia condenatoria debajo del brazo. Logré un buen acuerdo con el fiscal –una multa mínima y una cuantía irrisoria– y sé que debería estar contento, pero no lo estoy. Hay que cosas que cambian y otras no. Pongo tiritas en miembros amputados, remedios básicos, insuficientes. Lo sé, supongo que es mi misión, lo que me toca. Pero no dejo de pensar que están de nuevo en la calle, viviendo en su coche. Trato de convencerme de que no es mi problema, de que no puedo hacer nada más. Nada más.
Bueno, sabrán apañárselas. Lo han hecho antes y lo harán ahora.

10 comentarios:

Myriam dijo...

¡Ufffffffffff!

patzarella dijo...

¡Qué fuerte! Aqui en California hay muchos homeless..., van por las calles todos desarrapados, chamagosos y suicios, cargando en un carrito de súper todas sus pertenencias... Es un "espectáculo" miserable. En México hay pobreza, mucha, pero no miseria... Buon giorno! ;-)

Er Tato dijo...

Ya has hecho algo más, querido letrado. Nos lo has contado y nos has obligado a apretar los dientes para que se deshaga el nudo de la garganta. Y para que reflexionemos. Algo es algo. Además, tampoco eres supermán. Ni aunque te pusieras los calzoncillos por fuera del pantalón...

Un abrazo

Néstor Aparicio dijo...

Caray, MYRIAM, qué expresiva, ja, ja...
PATZARELLA, aquí no hay pobreza extrema, pero si un estrato de la sociedad -invisible para muchos o casi todos- que vive en malas condiciones. No obstante, los servicios sociales del Ayuntamiento y las organizaciones de la Iglesia se encargan de forma bastante eficaz de proporcionarles comida y sustento...
ER TATO, sé que es un leit motive de mis entradas, pero es que la pobreza es algo preocupante. Desde hace unos meses he aprendido que vale la pena preocuparse mucho por los demás...

Andrés Porras Soriano dijo...

Siempre he pensado que un buen medico, o un buen abogado, o un buen profesor es el que se acuesta por las noches pensando no tanto en como ayudar, si no en aquellos a los que han ayudado. Como seguiran? Que sera de sus vidas?

Veo que te seguimos muchos desde California. Un abrazo a todos los californianos.

Parsimonia dijo...

Lo del derecho a una vivienda digna es una ilusión.
La gente no imagina lo fácil que es pasar de una vida mediana a estar tirado en la calle.
Una lástima.
Besos.

El futuro bloguero dijo...

Vale mucho la pena preocuparse por los demás...

Bravo Néstor, una vez más, te ganas mi admiración y respeto.

Ojalá más personas pensaramos así.

Anónimo dijo...

¿Y no tienes vacaciones?

Néstor Aparicio dijo...

¡ANDRES! ¿Qué tal va todo? Joer, te tengo medio olvidado, pero muy presente. Ya me contarás y te contaré. Lo cierto es que nunca he pensado en eso que dices, pero me gusta. Creo que pensar en los demás nos hace mejores personas.
PARSIMONIA, en efecto, nos hemos acostumbrado a vivir demasiado bien y ahora nos sorprende la carencia.. Y sufrimos, incluso moralmente.
FUTURO BLOGUERO, en el fondo todo el mundo piensa en los demás, lo que pasa es que pocos tienen oportunidades de manifestarlo y de ponerlo por obra.
ANÓNIMO, las tengo, las tengo...

María dijo...

que bonito esto que dices de pensar en los demás. No solo es bonito, es una verdad como un puño. Si todos pensáramos en los demás otro gallo cantaría.