martes, 24 de abril de 2007

El niño de dentro

Durante un tiempo se nos dijo que la mayor parte de los problemas infantiles y juveniles se solucionaban con “una bofetada a tiempo”: una farola rota de un balonazo, una pelea contra los indeseables de 8º B, un suspenso en matemáticas o una mala contestación y ahí te encontrabas con el consejo… La mejor medicina era siempre una buena bofetada, eso sí, a tiempo.
El problema es que esos magníficos teóricos de la educación nunca se dignaron aclararnos cuándo era el tiempo oportuno, de forma que para muchos la vida –y la educación de sus hijos– se convertía en algo así como una partida de “siete y media”: que cuando no llegabas, te pasabas.
Hoy he defendido a un muchacho de apenas quince años que monta una bronca de espanto en una piscina, amenaza al socorrista, siembra el desasosiego y se marcha acompañado por la Guardia Civil, mientras se le pasaban los efectos del tranquimazin y la abundante cerveza. Sus padres son buena gente, pero sospecho que han llegado a tarde a la famosa bofetada. O quizá no. Me explico: apenas una hora después tenía otro juicio, esta vez con un buen hombre que cuando bebe demasiado –y demasiadas veces bebe demasiado– le da por quebrantar una “medida de alejamiento” de su ex pareja, berreando por la ciudad y los calabozos de la policía el sufrimiento de su corazón engañado y malherido… Y volviendo del juzgado pensaba que todos tenemos un niño dentro, al que de cuando en cuando hay que abofetear, sin miedo a llegar tarde o dos días antes, porque no es extraño que perdamos el punto de mira de nuestra vida y el rumbo se nos tuerza y convirtamos nuestra vida en algo irremediablemente extraño para nosotros mismos.
No sé, me parece que en fondo somos como el euribor, que si se descuida y no se controla, se dispara. Extraña cosa el corazón, extraña cosa.

2 comentarios:

Julieta dijo...

Hola! ... bueno simplemente a gusto leyendote a vos y a "desventuras de una abogada" ...soy de bs.as -Argentina y por supuesto Abogada ,aunque no ejerzo.Leyendolos se me dibujaron recuerdos en mi rostro y sonrisas afloraron en mi boca. Besos ,Juliette

Néstor dijo...

Muchas gracias, Julieta; me alegra de veras que mis tontunas os hagan sonreir.