viernes, 25 de mayo de 2007

Algunos hombres buenos

Mientras el lejano este de Ciudad Real luchaba contra la lluvia, tuve la oportunidad de compartir unas horas con Luis Martí y Fernando López-Orozco, decano y tesorero del colegio de abogados de Madrid respectivamente; habían venido a firmar un convenio con nuestro colegio para cedernos una herramienta informática utilísima con la que los letrados del turno de oficio se adelantan sus honorarios.
El primer acto estaba previsto a las 12.00 y llegué a las 12.30, así que, cuando entré en la sala de juntas, ya habían empezado. Mi decano me presentó y Luís Martí se levantó y me estrechó la mano mientras se ponía a mi disposición para lo que fuera. Me senté. Bastaron dos minutos para pasar de “este tío me va a caer bien” a “estoy ante una persona verdaderamente excepcional”.
En la comida (en la foto) pasé un rato verdaderamente agradable, porque Luís así lo quiso. Fernando me pidió –porque había llegado tarde– que le presentara al resto de comensales, así que le soplé cuatro cosas; más tarde tenía un comentario, una pregunta o una broma para cada uno… Pudimos hablar de casi todo y de casi todo tenían algo verdaderamente inteligente que decir, de forma que, al cabo, nos rendimos y dejamos que Luís condujera la conversación por donde quisiera porque lo realmente importante era escucharle. Entre Luís y Fernando nos dieron –sin quererlo, probablemente– una lección de “saber ser/saber estar” que vale su peso en oro.
A veces soy injustamente acusado de snob, sobre todo en los pueblos, cuando desembarco con el traje, zapatos limpios y “ademanes de gran señor” (Almudena dixit)… Pues ayer me quedé pequeñito, pequeñito (como soy), porque conocí a dos hombres verdaderamente buenos.
PD: que me dice Sonia que en la foto parezco un niño bien, pijo y empolloncete; pues lamento decir que la foto engaña.

2 comentarios:

Marta dijo...

Yo creo que das unas lecciones estupendas de saber ser/saber estar a través de los trocitos de rutina que nos muestras. Y como bien apuntaba Milkus Maximus el otro día, de insufrible nada: todo lo contrario. Y por eso precisamente estamos acá. Y te lo agradecemos mucho, no creas.

Néstor Aparicio dijo...

Y yo os agradezco que estéis al otro lado. Mucho, de veras.