Entré en el juzgado. El ambiente era tenso. Quizá me lo pareciera a mi, porque la última vez que entré allí fue para discutir con un funcionario impresentable. Quizá me lo pareciera porque andaba alterado. No sé. Iba en busca de un informe de sanidad de una lesionada y de un juicio de faltas. Había tres personas y las tres ocupadas, una con el juez, otra con el café y la última –la que me interesaba–, con un procurador amigo. Había cierto barullo:
–¿Qué quieres?
–¡Lo quiero todo! –le dije. Nos reimos y me resolvió el problema. Y fuera, en la calle, pensé que quizá ese sea el problema: todo nunca es mucho. Pero es todo.
Dedicado especialmente al duque, al conde-duque, al marqués, a Mr. Paraguas y al muñe, por ese cruce de mails tan divertido de esta tarde (que ha logrado que sonría) y por esas cervezas que nos quedan por beber.
jueves, 13 de noviembre de 2008
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Dos recortes y dos relatos
Sé de piedra. No dejes que nada te perturbe. Haz lo que debes. Es anciana, pero no es tonta. Le tiemblan las manos. Pero, cuidado, sabe dominarse. De lo que ella diga, de la forma que tengas de llevarla, depende el pleito. Crees que tienes razón, haz que todos lo vean. ¡Ánimo! ¡Respira hondo! Que no se note. Estás preparado. Lo estás y lo sabes. Sabes qué debes hacer, cuáles son las preguntas y cuales las respuestas que quieres. Mírala. Mírala con mirada de hielo. Haz que te mire. Mírala a los ojos. No sonrías. No te muevas. Inquiétala. No le des tregua. Sorprende con esa primera pregunta, aprovecha que no está preparada, que se equivocará al contestar. Mírala. Ahora mira al juez. ¡Ahora! Dilo:
–Con la venia, señoría.
~ ~ ~
Una cosa son ilusiones, o deseos. Pero planes…
Me dijiste.
Y hoy me acordé, porque –hoy, ahora– estoy lleno de proyectos, de planes. Y de ilusión.
~ ~ ~
Era lunes y el funcionario pensó, mientras moría atropellado: qué mala forma, ay, de empezar la semana.
~ ~ ~
Mira los árboles.
Y el niño los miró.
¿Sabes por qué crecen tan altos? ¿Por qué son tan robustos, tan fuertes, tan verdes?
El niño no dijo nada. Miró a su hermano con los ojos muy abiertos.
Por las raíces. Porque se alimentan de tinieblas. Por eso tú y yo tenemos que ser malos para ser fuertes.
El niño miraba al árbol y a su hermano. Y ahora –ya mayor y herido en el corazón– piensa que ni un día, ni uno solo, se ha lamentado por el consejo malgastado.
–Con la venia, señoría.
~ ~ ~
Una cosa son ilusiones, o deseos. Pero planes…
Me dijiste.
Y hoy me acordé, porque –hoy, ahora– estoy lleno de proyectos, de planes. Y de ilusión.
~ ~ ~
Era lunes y el funcionario pensó, mientras moría atropellado: qué mala forma, ay, de empezar la semana.
~ ~ ~
Mira los árboles.
Y el niño los miró.
¿Sabes por qué crecen tan altos? ¿Por qué son tan robustos, tan fuertes, tan verdes?
El niño no dijo nada. Miró a su hermano con los ojos muy abiertos.
Por las raíces. Porque se alimentan de tinieblas. Por eso tú y yo tenemos que ser malos para ser fuertes.
El niño miraba al árbol y a su hermano. Y ahora –ya mayor y herido en el corazón– piensa que ni un día, ni uno solo, se ha lamentado por el consejo malgastado.
martes, 4 de noviembre de 2008
Solo
Esta mañana el colegio me ha designado la defensa de un cliente del turno de oficio. He abierto la carta y he leído el nombre. Me suena, he pensado. Mucho. Le llevé un asunto hará cosa de un año o dos. He buceado en la memoria hasta que he dado con el recuerdo exacto: un robo, con mucho alcohol y una pelea como final de fiesta. Entonces era menor de edad. Ahora no y está en prisión. No sé el motivo, pero mañana me enteraré. Iré a verle, porque lo peor de la prisión es –sin duda– la soledad. La vida te prepara para todo, tiene antídotos para cualquier situación, para cualquier problema. Pero nadie te dice qué hacer cuando enloqueces de soledad. Me lo dijo el otro día una muchacha adolescente:
–¿Cómo está tu padre?
–Solo.
Su padre está en prisión, separado de una mujer que le teme y de unos hijos que no saben qué pensar. Solo, me dijo. Solo, pienso ahora, porque se me quedó grabado. El abogado no es el mejor amigo del cliente, pero, en muchas ocasiones, es todo lo que tienen.
Sí, iré a veros esta misma semana.
–¿Cómo está tu padre?
–Solo.
Su padre está en prisión, separado de una mujer que le teme y de unos hijos que no saben qué pensar. Solo, me dijo. Solo, pienso ahora, porque se me quedó grabado. El abogado no es el mejor amigo del cliente, pero, en muchas ocasiones, es todo lo que tienen.
Sí, iré a veros esta misma semana.
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