miércoles, 11 de marzo de 2009

El miedo

El miedo paraliza, descompone, deshumaniza. Convierte a las personas en monigotes incapaces de hablar, de pedir ayuda; porque el miedo se escabulle del cuerpo cuando hablas, cuando pides ayuda, cuando dices tengo miedo.
El miedo la condujo a la soledad y al odio. A un odio irracional a todo y a todos y a ella misma. Se odió por ser débil, por no solucionar las cosas, por haber elegido una vida fabricada a base de golpes, asco y frustración. Y ese odio se hizo tan fuerte que se comió la esperanza, las noches de boda, los cumpleaños feliz y los veranos en la playa. El miedo, la soledad y el odio decidieron que su vida no valía nada, que era un cadáver a los treinta y cinco años, que se merecía lo que tenía. No lloró, porque en sus ojos solo cabe el miedo, la soledad y el desamparo.
Hice mi papel: defendí a su marido, silencioso y –por fin– acobardado. Le defendí y salió absuelto. Y desde entonces no paro de pensar. Quizá no la pegó. No lo sé. Pero la ha convertido en un guiñapo, en un trapo sucio, en alguien que no sabe amar porque tiene mucho miedo.

19 comentarios:

Myriam dijo...

Bueno Letrado, todo el mundo tiene derecho a una defensa justa, aunque hay veces que parezca que no se la merece o no se la merezca, eso ya lo sabes, así que tu parte la hiciste, aunque no te gustara es tu obligación, deja el resto a la justicia divina que también existe y mucho ánimo en otro caso, te tocara defender a la parte buena de la historia, es la ley de la compensación.

Parsimonia dijo...

Es tu trabajo, aunque a veces te pese, pero haces lo justo, proporcionar defensa a un acusado ¿no? ¿Y si no hubiera sido culpable?
Besos

Altea dijo...

Si aún cabía el beneficio de la duda ("quizá no la pegó") es que las cosas no estaban muy claras, ¿no?
Bueno, no sé...

J. dijo...

El miedo es una terrible indignidad.

María dijo...

Ese "quizá no le pegó" ¿lo decías en serio o era como un salvavidas? yo, por eso mismo no podría ser abogado.... no podría dormir.

R. Gª. ALDARIA dijo...

Hablo como abogado: mucho tópicos sobre la abogacía leo por aquí... ¿El miedo es una terrible "indignidad"? Es algo tan natural como reír o llorar, algo instintivo e incontrolable, encima de "acobardada" llámemosla "indigna" como si fuese un pecado... ¡Toma ya! Hay cosas que no son derecho penal ni abogacía, que nos tocan más o menos, pero que no podemos solucionar con nuestro trabajo ni somos responsables de ellas.

Néstor Aparicio dijo...

MYRIAM, no defiendo a bueno y malos: defiendo a gente inocente (al menos hasta que un juez dice lo contrario). Pero a veces, solo a veces, la conciencia te traiciona.
PARSIMONIA, no sé qué habría hecho -en este caso- si hubiera pruebas irrefutables de que la pegó. Supongo que llegar a un acuerdo con la fiscal.
ALTEA, el problema no es si la pegó o no (físicamente)... El problema es que quizá haya convertido a su mujer en una persona que ya no quiere vivir. ¿Cómo es posible llegar a ese punto? ¿Qué ha fallado en sus vidas?
J., el miedo es terrible, pero no indigno. No somos dueños de nuestros miedos. Lo que me parece patético es que aún exista quien provoque miedos indignos en los demás.
No, MARÍA, lo decía en serio. El maltrato no se limita a pegar o no pegar. Obviamente el aspecto físico (el golpe) tiene mucha importancia... Pero más importante es la falta de respeto a la dignidad de tu mujer (de tu marido, vaya), el desprecio, la humillación... ¿Qué pasó con aquello de amarla y respetarla hasta el final de los días?
RAMÓN, es cierto;: hay cosas que no podemos solucionar, pero que nos afectan como a cualquier hijo de vecino. No te miento -ya me conoces- si te digo que no lo pasé bien con este tío. Me cayó mal. Habría dado cualquier cosa por estar en el otro lado, joder.

Myriam dijo...

Es normal que tu conciencia "te traicione" y espero que siga haciendolo, pero repito todo el mundo tiene derecho a una defensa justa mal que nos pese muchas veces nos pese.
Es logico y sano qué te preocupe y te duela, no cambies pfa en ese sentido ya en eso se nota que eres una buena persona.

pilar dijo...

todos tenemos derecho a una defensa pero que admirable sería que ese hombre ¨"pegando o no a su mujer" reconociera que algo tiene que cambiar en en su matrimonio para tener que ir sus problemas ante un juzgado , declarar sus miserias en público le debería hacer pensar.Lo mejor de ti es que una cosa es tu vocación y otra tu elección, a mi tb me gustaría más defender a la parte más débil.








e

Juanluís dijo...

Me enseñaron que el miedo es una sensación natural ante situaciones desconocidas, arriesgadas, angustiosas... Pero que no debemos dejarnos dominar por él, sino afrontarlo y superar el reto que nos supone.
En cambio, el miedo que describes, Néstor, es probablemente alimentado día a día e infundido con maldad a la persona que juraste amor eterno. ¡Qué difícil vivir así! ¿Cómo nació esto?

María dijo...

pues, letrado, me das la razón...

patzarella dijo...

yo a veces he sentido miedo...

El futuro bloguero dijo...

Me ha gustado más la entrada después de leer las aclaraciones que das al contestar lo expuesto en los comentarios.

Lo que está claro es que el miedo es complicado, como el tema de la entrada.

Néstor Aparicio dijo...

Hum... No sé, MYRIAM, no sé. Uno acaba acostumbrándose a estas cosas y perdiendo -quiera o no- la sensibilidad para apreciar los problemas de los demás, más allá de la intervención técnica que nos toca. Ya te diré qué tal dentro de unos años.
PILAR, sería admirable y sorprendente que mi cliente se diera cuenta de algo. ¿Qué se puede pedir de un tipo que no se emocionó con la muerte de Dido? En fin, es difícil educar los afectos, los sentimientos, el corazón...
JUAN LUIS, te enseñaron bien: el miedo acelera la circulación sanguínea y estimula algunos centros nerviosos. Yo, por ejemplo, funciono mejor en situaciones de estrés. Pero el miedo de esta mujer es otro: es un verdadero terror que ha degenerado en odio y asco a si misma... No sé cómo comenzó, tendría que verlo, porque se aprende mejor en cabeza ajena.
MARÍA, ¡antes morir que dar la razón a una periodista! Vale, quizá te haya dado un poco la razón, pero solo un poco.
PATZARELLA, tú y todo el mundo. Cuando me siento en sala a hacer un juicio siempre siento miedo y temo hacerlo mal y equivocarme... Pero ese (como el tuyo) es otro miedo.

Néstor Aparicio dijo...

FUTURO BLOGUERO, que te me has colado mientras contestaba. En efecto, puede que la entrada sea un poco críptica, pero es que la escribí completamente enfadado. La mirada de aquella mujer me dejó helado. No lloraba, porque nadie llora por algo que nunca ha tenido (la esperanza, el orgullo, el amor)... Otro día contaré la conversación que tuve con su abogada. Fue aún peor (para los dos).

Anónimo dijo...

"El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma". Aldous Huxley.


Saludos,
Cecilia I.

Luisa dijo...

No estoy de acuerdo con eso de que un maltratador tenga el mismo derecho que la victima a tener la misma defensa.No sería capaz de defender a una mala persona.

Sobre el miedo pensaba ayer mismo.Y pensé que a veces no tenemos miedo porque el ajetreo de la vida nos impide pensar.

El miedo de esta mujer será de por vida.Humanamente nunca será compensada.Y su marido se paseará por la vida buscando a quién amedrentar.

María dijo...

esta entrada me sugiere tantas dudas!!! ¿hasta qué punto es justo que el culpable quede impune? me parece lógico que necesite una defensa, pero no que quede impune... menos mal que soy periodista y no abogada...

Néstor Aparicio dijo...

Hum, CECILIA, me alegra ver que Aldous y yo estamos de acuerdo en lo mismo, con palabras casi idénticas.
LUISA, puedes estar o no de acuerdo, pero el hecho es que el delincuente (aún el más depravado y bárbaro) tiene derecho a una defensa justa y técnicamente idonea. Gracias a Dios no puedes tragar con eso, porque sino me quitarías trabajo y eso no estaría bien...
Ojo, MARÍA, hablas de "culpable" como soléis hablar los periodistas: nadie es culpable hasta que un juez no lo declara y adquiere firmeza. Ese hombre no es culpable de ningún delito; quizá sí debe ser condenado por la sociedad, porque no ha sabido estar a la altura de lo que se pedía de él como esposo y padre. Pero eso no es delito. No obstante, si quieres que te diga un secreto (a ti y solo a ti): a veces me revienta defender algunas cosas.