viernes, 11 de abril de 2008

Bendito sea el turno de oficio

Eran las cinco y media de la tarde y esperábamos para entrar en el despacho de la juez, cuando mi cliente me cogió en un aparte:
–Mira, el problema es que yo soy Dios. Por eso tengo el poder de hacer aparecer billetes de la nada: se me multiplican inexplicablemente en el bolsillo.
–Ya, le dije. Busqué en el Código Penal, por si la condición divina de mi cliente sirviera como eximente.
–Nadie me cree. Ese es el problema de nuestra sociedad, que necesita milagros para creer. Tú, por ejemplo: ¿qué quieres?
–Un barquito. En el Puerto de Santa María, murmuré mientras trataba de hacerme un esquema de mi interrogatorio.
Estábamos discutiendo menudencias (los metros de eslora, mástiles y centímetros cúbicos del motor) cuando apareció el agente y nos condujo al despacho. Nos esperaban la juez y el fiscal, impertérritos y descreidos. Mi cliente aguantó las preguntas de la juez y llegó a contestar alguna de forma más o menos coherente. Me extrañó, aunque mucho me temo que se estaba reservando para el fiscal, porque, apenas abrió la boca para preguntar, le paró en seco y le escupió:
–A usted no le contesto, porque no es bueno y se está ganando el infierno.
Miré al infinito, el agente se agachó a recoger el bolígrafo y la juez se tapó con un panfleto de no sé qué. El único que aguantó el tipo fue el fiscal, al que, por cierto, no le hizo ninguna gracia.

10 comentarios:

María dijo...

juajua pobre fiscal!!!tantos años de estudio para eso!!!. juajuajua..... yo no tengo panfleto para taparme con nada la cara mientras me rio!!!

Er Tato dijo...

Cuentan los que creen -yo aún no lo sé-, que a Jesucristo le pasó algo parecido.

Claro que, según cuentan, aquel juez no tenía panfleto con qué disimular ni demasiado sentido del humor. Tampoco un abogado de oficio tan bueno. En el amplio sentido de la palabra.

¿Te imaginas qué sería de la humanidad si hubieras estado allí y hubieses conseguido una sentencia absolutoria? A lo mejor ya tendrías ese barquito en el Puerto de Santa María (¡anda que tú también eres tonto!)y todos viviríamos en el paraíso.

Un abrazo

Néstor Aparicio dijo...

MARÍA, si es que los fiscales son muy serios. De vez en cuando tienen que sufrir alguna cosas así.
ER TATO, muchas gracias por los halagos (inmerecidos, no lo sabes bien). Mi cliente estaba como las maracas de Machín: el pobre ingresó en prisión (era muy grave lo que había hecho) y conseguimos sacarle de ahí para encerrarle en un centro psiquiátrico de donde salió el viernes. Me acordé de su historia y decidí contarla.
Por cierto, sigo sin barco.

LARA CRAFT dijo...

Pues algo habrá que hacer. Respecto al barco, porque de lo demás, ya veo que te ocupas divinamente. Ese sueño tienes que conseguirtelo. Pero deberás bajar un poco al Sur a por tu clientela...igual algo te cae!!! Que seguro que te cae....

Altea dijo...

¡Gracias por este post, macho, ha estado genial!
Qué poco sentido del humor, el fiscal. Aunque no te creas, "el que se pica, ajos come".

Nodisparenalpianista dijo...

No quiero pensar qu´ñe le vería debajo de la toga el de las maracas para presumir lo que pensó. Nésstor, déjate d ebarcos y, en estos casos, toca madera, por lo que pueda pasar.

Dulcinea dijo...

En la TV hay un canal que se llama "Tribunal TV" y se pueden seguir procesoso en diferido. Son de diversa naturaleza. He visto el caso Ekin, casos de homicidio, de estafas. De todo. Con jurado y sin jurado.

Una pasada la sangre fría y el morro de los chorizos. Y la paciencia de los abogados. Y la modorra de los jueces. !Qué tropa!

Néstor Aparicio dijo...

Hum, LARA CRAFT, me lo pensaré. No sabes lo que soy capaz de hacer por un barco.
Je, je... Es cierto, ALTEA: el que se pica... Lo cierto es que aquel fiscal no se destacaba por su fino sentido del humor.
PIANISTA, es cierto que ninguno estamos libres de volvernos tarumbas... El problema de este hombre era que sus neuronas estaban atacadas por los ácidos y demás sustancias dudosas que se machacaba desde pequeño. El pobre se intentó suicidar en prisión y conseguimos el traslado a un centro terapeútico. Excuso decirte que su familia no quiere ni ori hablar de él.
DULCINEA, me lo han recomendado mil veces pero nunca consigo ponerme a verlo... Lo cierto es que es vender miel al colmenero (y no sé si aguantaría chuparme más juicios en mi escaso rato de relax).

a tiza y papel dijo...

Me da pena el majareta. Cada vez hay más. Qué lástima!
(uf, esta primavera me tiene completamente down)

el trenti dijo...

¡Hola!

Lo dicho, creo que deberías escribir un libro con estas historias... ¡Qué gente tan curiosa hay por el mundo!

Un abrazo