jueves, 17 de abril de 2008

La hora country

Hay palabras que despiertan recuerdos, casi siempre acompañados de imágenes. Imágenes –pedazos vida– empapadas en sensaciones, como esta de la hora country. Me escribe María y me adjunta una fotografía y de pronto mi mundo se detiene, rescatando de la memoria un recuerdo –avalancha de ellos– que tenía medio abandonado.
Hace muchos años. Casi con seguridad el fuego se había apagado y nadie quería ir a por leña, por el miedo a la oscuridad del bosque. Nos apretujábamos unos contra otros. Era verano. El pantano de Entrepeñas, compañero silencioso, respiraba a un centenar de metros. No sé qué sonaba en el transistor, pero, como era la hora country, apuesto a que alguien con banjo y sombrero cowboy decía cosas como “didn't worry about the things that we just didn't know”, que todos susurrábamos a destiempo, tratando de seguir la melodía. Y así, entre risas y comentarios a media voz, la leche, el nesquik y el nescafé se calentaban. Yo siempre pedía nescafé, porque me parecía más country, más de persona mayor. Y quería hacerme mayor, porque estaba perdidamente enamorado de una chica que me sacaba tres o cuatro años y soñaba cada noche con despertarme un día crecido y en plena adolescencia…
Entonces una llamada telefónica y un perito, desde alguna remota oficina de Madrid, me arrancan de la acampada y del verano del mil novecientos ochenta y tantos. Con olor a pino y la luna aún en los ojos, me lanzo como un tiburón a negociar una indemnización por la ruina de un edificio, mientras miro de reojo la fotografía: la hora country.

20 comentarios:

Marta dijo...

¡¡Qué bonito, Letrado!! Y qué pelma a veces el teléfono -¡¡y los peritos!!- con sus inoportunidades...

Néstor Aparicio dijo...

Caray, MARTA, eres como Billy El Niño: ¡si lo acabo de colgar!
Sí, lo cierto es que el teléfono molesta cuando menos te lo esperas.

PD: ¿cómo lo llevas, por cierto?

Dakyuska dijo...

pues mira, casi que tambien me da envidia eso: mi teléfono no suena nunca

R. Gª. ALDARIA dijo...

Lo de la melancolía me lo creo pero lo de tiburón, no sé, no sé. ¿A qué sabía el perito?
¿Ya le echabas unas gotas de coñac al nescafé? Je,je,je,je,je

Rocío Arana dijo...

¡Bravo, bravo y bravo! Yo también tengo (ya lo sabes) mis momentos "máquina del tiempo", que dan mucho juego poético...

Dulcinea dijo...

Todos tenemos un pasado, querido. De mis acampadas mejor no hablo porque a cuál más penosa. Por cierto, ¿tu llevabas chirucas? ;)

Otra cosa, ¿quién eres de todos los de la foto? Ya sabes, mi vena marujil.

Néstor Aparicio dijo...

Ay, DAKY, a veces es mejor así: que luego empieza a sonar y no para, no para...
Desde luego RAMÓN, es que no sabes guardar un secreto-debilidad [ja, ja, ja]. El perito sabía a lo que todos: a ignorancia mezclado con un poco de mala fe y barrido para casa.
Desde luego, ROCÍO, estos son momentos de un intenso contenido poético: a veces melancólicos, siempre dulces. No soy de los que miran demasiado para atrás, pero a veces -solo a veces- se me pierde la mirada en estos recuerdos.
DULCINEA, ayer hablaba con mi hermano Daniel, que también sale en la foto, y rodábamos de la risa al ver la imagen... Qué buenos recuerdos de esas acampadas de cada verano... Por cierto, no voy a satisfacer tu curiosidad: tendrás que adivinarlo. Solo puedo decir que tengo el mismo peinado y que debía tener unos diez o doce años y que todavía me duraba la mirada tierna que luego se me perdió.

Dulcinea dijo...

¿Hacemos una porra para ver quién es Néstor en la foto que nos ha pegado en este post?

Yo digo que es el lupas que se asoma a la foto. El que se apoya en una chica que lleva puesto un jersey blanco. O sea, el segundo empezando por la derecha de la foto.

Dakyuska dijo...

casi.... yo creo que es el que está al lado del nene de las gafas... tampoco es que la foto se vea muy bien que digamos....
p.d. dejate de bobadas, yo quiero que suene, como no me gusta a mí hablar ni ná......

Néstor Aparicio dijo...

Pues lamento deciros, oh reinas, que no habéis dado ni una. Pero seguid jugando, que sorteamos una bicicleta.

Dulcinea dijo...

Ya está. Eres el de la barba, que te la pusiste postiza para impresionar a tu chica. El que está en primer plano, digamos. ¿si?

Dakyuska dijo...

juer..... claro, entonces.... el otro, el que está entre la chica y el chico, con jersey...
y sigo igual...buaaaaaaaaaaa madie me llama................

Rodol dijo...

Nestor, tu eres el niño de las rodilleras en los vaqueros y jersey azul y blanco, que esta en el centro de la foto, jejjejejeje. un abrazo

Néstor Aparicio dijo...

DULCINEA, agua; DAKY y RODOL, tocado y hundido... Ese soy yo.

Benita Pérez-Pardo dijo...

Envidia dan las acampadas!. También recuerdo las nuestras de cholatda y camping gas! Qué tiempos aquellos!


La foto es genial!. Me salió la vis mercantilista, es como para venderla a Nesquick!. Que por cierto, es lo que toman mis Jefes.
Un saludo

Altea dijo...

Y tu brother es el segundo por la derecha, que lleva el jersey igual.

Nodisparenalpianista dijo...

Néstor, eras el gafotas que se arrima a la nena de la camiseta blanca. Me ha gustado eso del Nescafé de los vaqueros muy vaqueros.

Nodisparenalpianista dijo...

Como podrás comprobar he escrrito el comentario antes de leer los d elos vecinos. Pero me reafirmo: tú eres el de las gafotas, aunque lo hayas olvidado. Impostor!!!!

Dulcinea dijo...

Exacto Pianista. Esa ha sido mi primera impresión. Aunque él diga que no, es el, es el y el el.
Así que el premio para mí y para tí el accesit.

Néstor Aparicio dijo...

BENITA, las acampadas son de lo mejor. Mi hermano Álvaro dice que en este mundo hay dos tipos de personas: las que consumen Nesquik y las que toman Cola-Cao.
ALTEA, veo que eres buena fisonomista. En efecto, ese es mi hermano Daniel.
PIANISTA 1, no sé qué decir. En esa época creo que aún no tenía gafas. Eso vino después (junto con mis problemas capilares, achaques de viejo, la rodilla, el alzheimmer...).
PIANISTA 2, te aseguro -por la gloria de mi gato q.e.p.d.- que el de las gafas es mi hem-mano.
DULCINEA, ¿ya estamos armando bronca en este, mi garito serio? Voy a tener que pasarme por la bulla, a dar unos cuantos capotazos.