jueves, 14 de mayo de 2009

El sueño del inocente

Ella ve monstruos. Tiene miedo. Por eso mira a la vida como un animalillo herido y camina encogida, esperando el golpe fatal que terminará con ella. Pero el golpe no llega. Hace unos meses su marido cerró la puerta y se marchó de casa. Solo llama para amenazarla, para decirle que un día volverá. Tiene ojos de cervatillo herido y llora cuando recuerda al hombre al que quería.
Quiere llevarse a los niños, ¿sabes?
No lo hará, le digo.
¿Por qué lo sabes?
Y pienso en decirle que conozco demasiado el corazón de los hombres cobardes, como el de su marido; corazones tan anodinos que son incapaces de la crueldad que anuncian. Pienso en decirle que no tiene nada qué temer, que nadie se llevará a sus hijos y que puede dormir tranquila. Pero no se lo digo porque no me escuchará, porque quiere soluciones rápidas a inquietudes actuales.
Está bien, cambia la cerradura, le digo.
Y me mira aliviada, como si le hubiera descubierto la solución a todos sus problemas. Su hijo, desde el carrito, me mira con los ojos como platos. La miro. Acabo de matar una pesadilla.
Les despido. Les dejo en el ascensor y cierro la puerta. Apoyo la espalda y cruzo los brazos. Me pongo a escuchar: “ahora mamá va a llamar a Antonio y nos van a poner una llave nueva y le daremos una copia a los Reyes Magos, para que no tengan que entrar por la ventana.”
Cinco años de carrera y diez de profesión y mi consejo es que cambie la cerradura.
Que funcione, rezo.

10 comentarios:

Myriam dijo...

No es un mal consejo por lo menos se fue más tranquila

Altea dijo...

Bueno, a lo mejor otros no habríamos sabido ni por dónde empezar. Está claro que encontraste el comentario perfecto.

El futuro bloguero dijo...

Para empezar está bien, pero por desgracia, estamos hartos de ver como los cambios de cerradura las ordenes de alejamiento etc, no valen de nada cuando un hijodeputa (no puedo evitar usar el insulto) decide vengarse del desamor y convertir en tragedia una historia pasada.

Suerte para ella

R. Gª. ALDARIA dijo...

Seguro que funciona, sobre todo si se enteran los Reyes Magos. Seguro.

Isabel Riñón dijo...

Como primer consejo está bien.

patzarella dijo...

¡Vaya cosas que escribes...!

Néstor Aparicio dijo...

No, MYRIAM, no es mal consejo... Pero se lo podría haber dado el pescadero o el vecino del tercero. Al menos, en efecto, se fue más tranquila.
ALTEA, seguro que habrías sabido por dónde empezar, porque seguro que sabes escuchar.
FUTURO BLOGUERO, yo también estoy harto de ver órdenes de alejamiento y mentiras y abusos procesales y hombres cobardes que nunca han amado y que no sabrán amar... Te lo aseguro, yo también estoy harto.
RAMÓN, espero que al menos los Reyes lleguen, con o sin llave, ja, ja, ja...
Uf... ISABEL, el problema es que no es el primer consejo; pero me temo que ha sido el más útil, por ahora.
PATZARELLA, no entiendo... ¿Qué es lo que te sorprende?

Rosalía dijo...

Cambiar la cerradura no es una solución a sus problemas, obviamente; pero es una medida más a tomar para intentar solucionarlo. Medida con mucho valor, por cierto, aunque pueda no parecerlo, y que eres capaz de darle justo por esos 10 años que llevas ejerciendo.

Todas las que se tomen son buenas, Néstor.

Néstor Aparicio dijo...

Muchas gracias, ROSALÍA: ya estaba empezando a pensar que tengo más de psicólogo que de abogado, ja, ja, ja...
Lo cierto es que en esas situaciones, cualquier solución (verdadera solución) es siempre bienvenida.

Dulcinea dijo...

Si has conseguido que ella tenga menos miedo, ya has socavado la fuerza más contundente del agresor, que es el temor de su víctima.

Y eso, letrado no es moco de pavo.