jueves, 5 de febrero de 2009

El nacimiento de un súper héroe

Decían de él que había asaltado a dos muchachos a punta de navaja, que les había quitado la calderilla de los bolsillos y que les había atemorizado con unas consecuencias desastrosas si se atrevían a denunciar. Sostenía el fiscal de menores que mi cliente corría el riesgo de convertirse en un delincuente peligroso, así que pidió del juzgado la adopción de una medida cautelar: internamiento en régimen abierto en un centro de menores.
La situación familiar del menor no era la ideal, así que no me opuse. El menor y su madre tampoco. Al salir del juzgado, mientras esperábamos al director del centro, el menor habló por teléfono con sus amigos: cuando salga de esta se van a enterar, les decía. Yo le miraba atentamente. No deja de ser un adolescente, pensé. Y a los adolescentes les encanta convertirse en víctimas incomprendidas de este mundo de adultos. Le hice una seña:
–Mira –le dije– te lo voy a decir una única vez: puedes tomarte esto como quieras, pero lo cierto es que la vida te ha concedido una segunda oportunidad. Puedes quedarte como estás y convertirte en un cretino. Terminarás en prisión, enfermo y drogadicto, y morirás a los veinticinco años, tirado en una cuneta, después de vivir una mierda de vida. O puedes aprovechar estos meses para estudiar, aprender un oficio, aprender a leer y escribir, ser lo que siempre soñaste ser… Y el día de mañana tendrás tu propio taller, un buen coche, tu familia, tus hijos y una casita en el campo a la que llevarás a tus padres los fines de semana. Elige. Pero elige tú, no dejes que nadie decida sobre tu vida.
Me miraba atentamente. Su madre también me miraba. Tenía el teléfono en la mano:
–¿Se pué poné? E mi marío. Etá en prisió.
–¿Dígame?
El hombre llamaba desde prisión, agotando la última comunicación telefónica que le quedaba. No sabía nada: se acababa de enterar y estaba sinceramente preocupado por su hijo. Le conté a grandes rasgos lo que había sucedido, la medida de internamiento a la que se iba a someter su hijo y la oportunidad que tenía de rehacer su vida. El hombre, al otro lado de la línea, se echó a llorar.
–Cuide de él, por favor. Haga lo que pueda, abogado; no sé cómo, pero le pagaré, por Dios, que le pagaré... No deje que se convierta en alguien como yo.
Colgamos. Miré al menor.
–¿Qué ha dicho?
–Elige.

26 comentarios:

Myriam dijo...

Esperemos que elija bien y quizás pasado el tiempo cuando sus elecciones marquen su vida para bien o para mal se acordara de tí.

¡Bien contado! y ¡Bien hecho!

ROSALÍA dijo...

Es increíble, pero es real. Yo también veo casos así casi a diario, por desgracia. En este caso le ha tocado una determinada vida que vivir, pero aún puede elegir.

Por otro lado, también veo a diario a jóvenes de unos 14 años, que se está criando con muchas más opciones que ese chaval y, en cambio, lo echan todo a perder también: no quieren estudiar ni trabajar, se conocen los derechos del menor pero no las obligaciones, y dan por hecho que los padres y/o familiares están ahí para servirles, etc. No sé qué es más triste...

Saludos.

AnaCó dijo...

Vaya...

El futuro bloguero dijo...

Maravillosa la frase de No dejes que se convierta en alguien como yo.

Aunque lo mejor sería dar ejemplo.

Me ha gustado como lo narras

Néstor Aparicio dijo...

Pse, MYRIAM, no aspiro a que se acuerde de mi, sino a que se convierta en alguien útil para este mundo en estado crítico... Y quizá -¿quién sabe?- el día de mañana dé este mismo consejo a otro.
ROSALÍA, el adolescente es un ser humano que se caracteriza por perder buenas oportunidades. Así hemos sido todos: yo mismo. La diferencia es que yo he disfrutado de muchas segundas oportunidades. Por eso hay que desvivirse por ellos.
ANACÓ, no pongas esa cara, la vida está llena de gente así. Este es el mundo que me encuentro en el juzgado de menores.
FUTURO BLOGUERO, siempre es mejor dar ejemplo que decir cómo se deben hacer las cosas... Pero es tan lícito el deseo de un padre sobre el futuro de su hijo... No supe qué decir. Como muchas otras veces -demasiadas últimamente- me quedé en silencio. Solo espero que no sea yo el que pida algo parecido el día de mañana.

Dulcinea dijo...

Esa historia me suena a otras calcadas de mi entorno. Es muy duro. Permíteme que te felicite por tu intervención con el chico.

¿Me das permiso para que utilice tu entrada en los ejercicios de dilemas morales con mis salvajes? Si quieres luego te mando sus respuestas.

María dijo...

te quedaste callado pero el título de la entrada demuestras de qué lado estás. Al chaval le va a costar su esfuerzo sacar su vida adelante, hace falta mucha fuerza de voluntad para ello, mucho creer en tí mismo.... pero es importante también que alguien crea en ti.... y tú crees en él. Muy bien, letrado.

Néstor Aparicio dijo...

DULCINEA, puedes usar esta o cualquier de las tontunas que escribo. Nada me alegraría tanto como saber que te sirven para tu trabajo y que a ellos les hace pensar un poco. Obviamente me gustaría saber qué dicen las criaturitas.
MARÍA, veo que eres buena observadora. En efecto, tomé partido. Creo que puede salir adelante, pero ahora le toca a él. Ya veremos.

juanjomolina dijo...

Buenísimo. Gracias, Néstor!

Er Tato dijo...

Lo tuyo no es un trabajo, amigo Néstor, lo tuyo es un sinvivir. ¡Es que levantarse todas las mañanas para que la realidad te dé un par de hostias...!

Gracias por compartirlo y espero que el chaval sepa aprovechar la suerte que ha tenido al encontrarte.

Un abrazo

Benita Pérez-Pardo dijo...

Guas!. Menudo ejercicio de la abogacía!.

Sin capacidad de elegir no hay libertad. Al menos hoy le han ofrecido una opción más y es un poco más libre. Si la elije mucho más...

La definición de adolescente como una víctima de la incompresión de los adultos parece una verdad universal ¿qué podríamos hacerlo para evitarlo?.

Parsimonia dijo...

Solamente palabras dichas en el momento adecuado y con una voluntad propicia, pueden cambiar la vida de una persona.
Si elige bien te lo agradecerá toda la vida.
Un beso.

Myriam dijo...

Eso es lo que quería decir Letrado que alomejor se acuerda de tu frase y le sirve para algo.

José Miguel Ridao dijo...

A lo mejor peco de pesimismo, pero a mí estos chicos me parecen un caso perdido. Ante el dilema que le planteas pasan dos cosas: primero que no tiene elementos de juicio para elegir, y segundo que sus tripas le dicen que la primera opción es de héroes y la segunda de "pringaos". Eso no quiere decir que no haya que intentarlo, y eso te honra, pero cuando llegan a ese punto es casi imposible salvarles.

Un saludo.

Adaldrida dijo...

el pesimista tiene razón, pero aquí todos somos unos románticos... hasta si n querer serlo.
Tío, lo tuyo es oficio y más que oficio. Acuérdate de nuestra conversación en Navidad: necesitarás fuerza "extra"...

José dijo...

Y el libro ¿para cuando estará terminado?

Néstor Aparicio dijo...

Gracias a ti, JUANJO, por estar ahí detrás.
TATO, ten en cuenta que los golpes son ajenos; a veces, es cierto, no todo lo ajenos que querría. Es curioso, pero los abogados podemos aprender mucho, mucho.
BENITA, la adolescencia es una enfermedad que se cura con el tiempo y los golpes. A veces la familia y los buenos amigos hacen más soportable la epidemia de estupidez... A veces, solo.
PARSIMONIA, me haces pensar: palabras que cambian vidas. Quizá hable de eso en otra ocasión.
Sí, MYRIAM, te entendí a la primera, ja, ja, ja... Espero de veras que así sea, por él, no por mi.
JOSÉ MIGUEL, no es pesimismo, es realidad. La realidad pelada: no se elige lo mejor, sino lo fácil, lo rápido... Pero los Soñadores-Oníricos-Del-Nuevo-Mundo creemos que esto se puede cambiar, ja, ja, ja... Bienvenido, por cierto.
ADALDRIDA-LACRIMOSA, ya busco esa "fuerza extra"; pero el reverso tenebroso tira de mi, ja, ja, ja...
JOSÉ, ¿tú crees que relatos de este tipo tendrían éxito? ¿Desbancaría al Grisham ese? ¿Me lo editaría Planeta? Hum... No lo descartes.

Altea dijo...

Bueno, a ver si "pué" ser, hombre. Si los padres están de tu parte, aunque sea desde la jaula, algo de esperanza hay.
Precisamente ayer me acordaba de un vecino mío, ya sesentón o más, que sacó adelante a su familia de cinco hijos y algunos nietos más con su oficio de pintor. Pintor de paredes, se entiende. Toda su vida irreprochable, desde que salió del reformatorio siendo chico.

Dulcinea dijo...

Que sí, hombre, que a veces salen del cacao. Es complicado y lo tienen todo en contra. Hasta que reaccionan.
Pero también es verdad que muchos se quedan en la estacada porque eligen seguir donde están.

Tú sigue trabajando así de bien.

Luisa dijo...

De casta le viene al galgo, o dicho de otro modo:son carne de cañón.Por supuesto que siempre es tiempo de rectificar y tu labor humanitaria seguro que da fruto¿Donde y cuando?No importa.Dará.

Anónimo dijo...

Dios quiera elija bien. Afortunadamente ha tenido a alguien que se lo ha dicho bien, ya hará efecto, quizás cuando menos te lo esperes.
Cecilia I.

Adaldrida dijo...

Hasta lacrimoseando saco fuerzas del lado soleado... ¡vente tú también!

Anónimo dijo...

Me destrozas. Me acojonas. Me animas. Me alegras. Me emocionas. Me destrozas. Me destrozas.

Néstor Aparicio dijo...

Sí, ALTEA, ejemplos hay a montones. Pero los muchachos de ahora no son los de antes. Ya veremos, ya.
DULCINEA, tú sigue echándoles una mano, aunque no se la merezcan. Al fin y al cabo pagarán nuestra jubilación, ja, ja, ja...
Hum... Gracias LUISA, eso espero: que no haya perdido el tiempo... Aunque lo cierto es que nunca es tiempo perdido.
CECILIA, no he hecho nada que no hubiera hecho otro en mi lugar. Y probablemente mucho mejor. Conozco compañeros que habrían terminado la faena mejor que yo...
ADALDRIDA, ya veremos, ya veremos... ¿El lado soleado existe?
ANÓNIMO, me dejas asombrado. Últimamente -parace ser- hago daño sin darme cuenta. Espero que no sea el caso...

TesS dijo...

Son las historias reales, de la gente real, que suceden a diario en numerosos lugares.
¿qué ha elegido?
Doy gracias, porque al menos, este chico podrá elegir.
Gracias a ti por contárnoslo.
Gracias!

Néstor Aparicio dijo...

No sé qué ha elegido Tess, porque ha pasado una semana. No basta con decidirte una primera vez, tienes que levantarte por la mañana decidido a cambiar el rumbo de las cosas. Espero que sea fuerte. Yo estaré ahí siempre y él lo sabe.